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Transcurrir fugaz

Por: Luisa Palacio

Día lluvioso, cielo azul. Papaya, mango, sandía; gritaban. Caen más gotas de lluvia. El sol es más fuerte. ¿A qué juega el cielo?

Lo que uno va a  buscar lo encuentra, si uno va a buscar legumbres, encuentra; si busca carnes, también; si busca frutas, ni se diga. Me gusta mucho Tejelo.

Olor a morcilla caliente, ¡claro!  la acabaron de destapar. De fondo una canción de ranchera cuyo artista desconozco.

De tejelo no me gusta absolutamente nada, desafortunadamente esto me tocó y esto tengo que hacerlo.  Aquí no hay sino chismosos, metidos, yo no le puedo decir más nada.

Una licuadora comienza a sacudir algunos ingredientes y los vuelve espuma en la parte superior. Jugo de limón con leche, justo al lado de los melones y las mandarinas colgando.

De tejelo me gusta todo, es nuestra segunda casa, el sitio donde laboramos nos conseguimos nuestro alimento, todo, todo me gusta, no hay nada que me disguste.

Ya paró de llover. La gente comienza a sacar lo que había guardado, cierra las sombrillas, y yo limpio el lente de mis gafas. Pasa un niño en bicicleta con dos cajas de huevo atrás.

Me gusta el comercio, la gente, el trabajo que tengo. Me choca los gamines que dejan entrar al bazar, vienen y fastidian a la gente.

Piña, papaya, ¿mami qué quiere? Lo que quiero no lo encuentro aquí, pienso.

Me gusta la gente, el carisma. No me gusta la mana de indigentes, mucho ladrón, es un bazar bueno, muy querida la gente.

Por: Kelly Duque

Las escaleras sostienen la espalda de Freddy. Está sentado allí con las piernas abiertas y entre ellas las cebollas están regadas en el piso.

Él es de Ituango. Llegó a Medellín dos años atrás porque estaba amenazado por las FARC. Con la ayuda de la Cruz Roja arribó a Medellín, toda la familia se quedó en la hostil urbe paisa pero meses después su mamá, su hijo y su novia regresan al natal puedo. Él se quedo porque regresar era sentenciar la fecha de su efeméride.

A la semana puede pelar uno o dos bultos de cebollas. Toma la legumbre entre sus manos morenas, palpa con el pulgar para ver si está blanda y desecharla. Sí está fresca le entierra el cuchillo levanta las primeras capas. La bolita de olor ácido queda brillante. Le corta los extremos y la lanza a una canasta blanca llena de otras cebollas. Por cada bulto le pagan 5 mil pesos, algunas veces menos. Con el dinero que consigue intenta mantenerse en pie, quiere ahorrar para visitar a su mamá en Ituango. Ella tiene cirrosis. Los jugos de la cebolla tocan sus ojos pero ya no lo hace llorar. En cambio pensar en su mamá sí.

Él es delgado. De piel clara pero curtida por el sol. Para Freddy “el amor es como el mar. Uno lo ve, se quiere meter pero le da miedo. Al final lo hace y el agua comienza a llevarlo. Cuando uno se da cuenta necesita nadar mucho para regresar a la orilla”.

Freddy busca algo sincero. No quiere amores inseguros y por eso no tiene novia. El amor en la calle es prostituto. Se puede comprar y rentar. Él se declara posesivo y prefiere estar solo, pelando cebollas y ahorrando para viajar a Ituango.

Por: Kelly Duque

A un costado del Parque Berrío, donde se encuentran todas las esculturas de Fernando Botero, el Museo de Antioquia y el Palacio de la cultura. Pasando la calle a un lado de un edificio de Empresas Públicas de Medellín, Argentina Paraguay Bolivia Ecuador Perú Brasil Uruguay Colombia Venezuela Panamá… reunidos  y no precisamente en una cumbre como la del Río o la de Unasur, no, no y no; es la entrada al Mercado Téjelo “frutas y verduras frescas” que cuenta con 15 banderas de países Latinoamericanos.

“¡Pescado fresco, pescado fresco, vecino venga arrime, a 100 los chicle a 100, bocachico fresco, pescado, pescado!” son algunos de los sonidos que se escuchan al ingresar a Téjelo, el olor a frutas frescas se combina con el de la morcilla de Alba Graciela Toro,  los almuerzos del Restaurante IBU, el bocachico fresco, el licor y cigarrillo de los bares…

Téjelo es un pasaje de 700 pasos en un calzado talla 40, comenzando en la avenida León de Greiff y finalizando en la calle Juanambú donde está la escultura de Rojas Pinilla. Es una de las primeras calles de Medellín, tradicional por ser un lugar de mercado.

Los colores de sus frutas y verduras, llaman la atención a turistas y ciudadanos, la luz que irradia el amarillo de los bananos, mangos, granadillas, papayuelas, naranjas… incita a ir a ese lugar; el rojo de la fresas, manzanas, tomates… hacen agua la boca; el verde ácido de los limones, aguacates, habichuela, cilantro, manzanas, uvas, guanábanas…; el violeta de las moras, uvas, remolacha… y así todos los colores.

En este lugar se despiertan todos los sentidos, la vista, el olfato, el oído… mientras al fondo se escucha “que me falte el agua, que me falte el viento, pero que nunca me faltes tú mi amor…”, mezclado con las canciones de Luis Alberto Posada desde la taberna La Madrid número dos “como pretendes llamar amor a lo que me brindas, si tan sólo disculpas escucho al ponerte una cita, me tomas me dejas como si fuera tan poquito…”, los venteros que chocan las palmas de sus manos, aplaudiendo mientras gritan venga, venga.

Un transeúnte llamado Ilario quien almuerza en el restaurante IBU por sólo dos mil 200 pesos, una sopa de verduras, arroz, ensalada, frijoles, aguacate, torta de pescado y  jugo de guayaba.

Además de caseta con frutas, verduras, jugos, hay carnicerías, pescaderías, almacenes de ropa con letreros que resaltan en un panfleto rosado que dice “todo a mil pesos”, bares, restaurantes, hoteles, residencias, consultorio odontológico…todo esto en una cuadra de Medellín.

Entre chismes, sonrisas, chistes y una que otra discordia que se tejen en este rinconcito del Valle de Aburrá hay una familia que tiene todo y nada en común, que viven allí durante el día y la noche buscando su sustento.

Para los venteros de frutas y verduras su jornada termina a las cuatro o cinco de la tarde, para los de las tabernas a las 12 de la noche, en los hoteles no hay descanso, de tradición en tradición, costumbres, se les va pasando la vida a sus habitantes, así que como dice el conocido refrán “hasta que la muerte nos separe”.

por: gabrielvilla

Este Pequeño Espacio Llamado Tejelo, Con El decorado de color de las Frutas y El Arcoíris del Mercado popular, Esta ubicado en la Carrera 52 A. Con la Limita la Calle 54, Juanambú, Con la Calle 53, Cundinamarca, y Con la Carrera 51 Con las Naciones Unidas Choca Donde El Museo de Antioquia.

Tejelo es Sinonimo de Especialidad. No es la ONU barrio es El Pecado Sólo Pasaje Comercial “” Recuerda Que al Desaparecido Guayaquil del Pasado Donde Sí encontraba la Ciudad párr Adquirir Las Mercancías Que llegaban Poder y Disfrutar de los placeres de la Vida.

Sólo 500 metros de Las Naciones, conforman Unidas Tejelo. En la Instancia de Instancia de instancia de parte sur de la Ciudad Llamada es La Alhambra o Fernando Restrepo, empieza Al Frente al Antiguo Palacio Municipal, Entre Cundinamarca y Carabobo. De de Cuando Llega de Una forma Juanambú Una plazoleta Que Lleva El mismo Nombre de Tejelo.

Apuestas Iniciales de Servicio Nombre considerada Este La Contra, sí llamo la calle del Hueco Por Su Aspecto Señales de abandono del procedimiento y del estrecho del desaseo y Con

La carrera Recuerda a Jerónimo Luis Tejelo, Alférez de las Fuerzas del conquistador, Mariscal Jorge Robledo, Quien Varios Acompañado Por Soldados El 14 de agosto de 1541 descubrió DESDE La Quiebra El Barcino el Valle de Aburrá, Que llamaron San Bartolomé o Los Alcázares.

Tejelo FUE El Primer español en el Valle Visitante Que atravesaba el Río de Aburrá y Sobre el Cual Sí construiría Medellín.

Segun El libro: “Significado histórico del Nombre de calles y carreras ALGUNAS de la Ciudad de Medellín”, del Escritor Pedro Rodríguez Mira, “Jerónimo Luis Tejelo venia del sur del País Despues De Que Su jefe, Jorge Robledo, fundo Quien conquistador de Antioquia , Cartago en 1540 ya la Ciudad de Antioquia El Año Siguiente, murio asesinado Por Orden de Don Sebastián de Belalcázar, en la loma del Pozo, el pecado Pacora Cerca, el 5 de octubre de 1546 “.

Roble envio pecado Contexto Tejelo Veinticinco “” Hombres Una Descubrir La Oriental de la región cordillerana occidental, el paso Que Se hizó segun Varios Historiadores Por El Distrito de Caldas, y segun Otros Por el alto de Las Cruces, Por la quebrada Doña María Que desemboca en El Río Medellín.

El abandono del procedimiento del Procedimiento del Procedimiento del Mariscal Jorge Robledo y la Disputa Por El Territorio Con entonces Gobernador de Antipquia, don Gaspar de Rodas, le permitieron Años Después de la ONU Jerónimo Luis Tejelo recordado Servicios en Medellín Con El Nombre de Una Carrera

Por: Mónica Samudio


Emilse es trigueña, el cabello es de raíces africanas y lo mantiene pegado a su cráneo con unas trenzas. Tiene puesto un delantal blanco y entre sus piernas, sobre una silla, sostiene una ponchera grande rellena de morcilla y asadura. Para mantenerla caliente le pone un pedazo de bolsa transparente. La cantidad que menos vende cuesta mil pesos, ni 300, ni 500, de mil en adelante. Ella se ubica en plena acera, donde no debería estar, según Espacio Público, pero también donde más la ven.

¿Han sido buenas las ventas por estos días?

Nada, han rebajado mucho, desde el año pasado no se vende casi, como desde noviembre. Pero igual con esto es con lo que he sobrevivido desde hace tiempo.

¿Le gusta este lugar dónde vende?

Hay sí, porque por aquí se vende más que en esos quioscos, o sea, a nosotros nos dieron quiosco pero por la parte de atrás, al lado de los bares, y por allá no pasa gente, en cambio por acá sí.

¿Hace cuánto se pasaron para este lado? (hay cerca de cuatro mujeres más vendiendo morcilla)

De 18 que levo acá, hace tres años que no pasamos.

¿Qué les dice Espacio Público por haberse cambiado?

No nos molestan, para nada, no nos dicen nada. Lo que sí molestan es porque no tenemos nada para echar las basuras y debemos tener siempre una bolsa para recolectarlas.

El jugo de yuca

Por: Sara Puerta


Buñuelos, flan, galletas, postres, pan, almidón y licor. La mandioca se ha utilizado siempre para diferentes preparaciones y en muchos lugares de Latinoamérica porque su cultivo no requiere mucho cuidado y los valores alimenticios son altos.

En Colombia la consumimos generalmente frita o cocinada para platos como el sancocho o el mondongo. Últimamente  también se consigue empacada en bolsitas de alimentos rápidos en forma de láminas delgadas y crujientes.

La receta

El recuerdo es borroso para Héctor. Sabe qué, hace muchos años, él estaba limpiando su puesto de jugos y unas copas de aguardiente estaban esperando ser tomadas en la barra metálica donde pone las licuadoras.”Un costeño me preguntó qué jugos hacia yo. Después me dijo: Y porqué no haces jugo de yuca”.

Desde hace más de cinco años Héctor comenzó a hacer el jugo de yuca. La preparación parece más complicada de lo que es. Su puesto de ventas es pequeño, tiene una nevera de aluminio donde guarda las pulpas y encima de ella un tablón metálico para poner las licuadoras y atender a los clientes. En estantes hechos de madera están puestos los aditivos de sus productos. En una nevera pequeña guarda la leche y algunas frutas enteras, allí en la puerta de ése cubo de frio, está pegada una hoja color naranja que indica que allí es donde venden el famoso jugo.

María Lizídia le ayuda a preparar las frutas y servir a los comensales. A Héctor le gusta exhibir el artículo que un periódico le publicó hace tres años, por eso lo plastificó y con un cordón negro lo sostenía a la vista de todos. Pero a ella no le gusta y entonces lo tiene guardado. Cuando le pregunto sí aún lo tiene, él ofrece una sonrisa y sale corriendo a buscarlo. Me lo muestra y pone cara de niño. En la foto del artículo se ve con el cabello negro y menos prominente la barriga.

María saca de la nevera metálica un jarrón de plástico naranjado. Allí está la yuca cocinada con grandes astillas de canela. Dos cucharadas del tubérculo, leche, azúcar y hielo, son vertidas en el vaso de la licuadora. También largos chorros de esencia de vainilla resbalan por los bordes y se mesclan con el líquido blanco. Unos últimos corrientazos de electricidad llegan a la licuadora y el jugo está listo.
María pone un pitillo en el vaso plástico y verte el contenido.

El jugo es firme. Baja en un choro grueso y constante, una pequeña cascada de yuca. Ella me lo ofrece y los ojos de Héctor me miran con curiosidad. Es un líquido viscoso y blanco, con pequeños puntos de canela triturada. El sabor es a avena dulce. El sol canicular que se posa sobre la ciudad parece desaparecer cuando mastico el hielo. A medio vaso ya estoy llena. Me queda la mitad y Héctor dice: Este juguito es como un almuerzo, uno queda con el estómago satisfecho.

Le preguntó porqué es la única persona que vende jugo de yuca en todo el Tejelo y me aclara que: el jugo es muy fácil de hacer pero requiere dedicación. Empezando que uno no con la yuca nunca sabe, unas veces se ve buena y sale amarga, otras uno la ve blandita pero al cocinarla da muy buen sabor. No es como las frutas. Yo la cocino en una olla a presión día por medio, la pongo a pitar con canela y clavos de olor. Después es como haciendo de cualquier otro sabor. Sólo lo vendo yo porque a la gente le da pereza, yo no le niego la receta a nadie. Hacer jugo de yuca no tiene ningún ciencia.

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